21/08/2026
A veces, cumplir años no significa hacerse más viejo… significa mirar atrás y encontrarse con aquel niño que alguna vez soñó con ser grande.
Hoy cumplo 31 años, y pienso en ese niño que miraba el mundo con ilusión, que soñaba con aventuras, con libertad y con recorrer caminos que todavía ni siquiera conocía.
Si pudiera sentarme frente a él, no sé qué le diría primero…
quizá simplemente le sonreiría y le diría:
“Lo logramos. No todo salió como imaginábamos, pero seguimos aquí.”
Ese niño creció. Se cayó, se levantó, aprendió, perdió, ganó, se equivocó y volvió a intentarlo. Y aunque la vida cambió muchas cosas, hay algo que nunca cambió: esas ganas de sentir el viento en la cara, tomar un camino sin saber exactamente dónde termina y disfrutar la libertad de rodar.
Hoy entiendo que las motos nunca fueron solamente motos.
Fueron una forma de volver a encontrarme con aquel niño.
Con esa parte de mí que todavía sueña, que todavía se emociona con un camino abierto y que todavía cree que siempre hay una nueva aventura esperando después de la próxima curva.
Y si algo me han enseñado estos 31 años es que la vida no se mide por las vueltas al sol, sino por los momentos que nos hicieron sentir vivos y por las personas que estuvieron a nuestro lado mientras recorríamos el camino.
Hoy agradezco a mi familia, a mis amigos, a mis hermanos de ruta y a cada persona que ha dejado una huella en este viaje.
31 años después, sigo siendo aquel niño…
solo que ahora tiene más historias, más cicatrices, más sueños y una motocicleta para seguir buscándolos.
El camino apenas continúa.
El motor sigue encendido.
Y aquel niño todavía quiere seguir rodando. 🖤🏍️
Que vengan muchos kilómetros más.