Kikimundo Kikimundo es un universo creativo al rededor del arte de la ilustradora y escritora alemana radicada en México Kiki Suárez. Irene y Gabriel pronto se casaron.

Irene Elisabeth Oberstenfeld nació y creció en la ciudad de Hamburgo en Alemania donde egresó de la carrera de Psicología. Posteriormente a través de diversos cursos continuó su formación como psicoterapeuta y se inició en el budismo y la meditación. En 1977, con la noticia de una herencia familiar y motivada por conocer el mundo, decidió hacer un viaje a México en compañía de una amiga, después d

e viajar por algunas ciudades norteamericanas y de recorrer algunas zonas del norte mexicano, las amigas, decididas a llegar a Guatemala, se detuvieron para hacer un descanso de dos días en San Cristóbal de Las Casas, un pueblo provinciano perdido en las montañas del sureste de Chiapas y ubicado en los confines de México. "Desde mi primer día en México supe que se me impondría la necesidad de cuestionar todo lo que anteriormente había aprendido, pensado y sentido hasta ese momento; que este país me forzaría a reevaluar lo que conocía hasta entonces. No sabía en ese momento que México llegaría a remodelar mi vida". Tampoco imaginó entonces que aquella parada en su viaje cambiaría su vida. En San Cristóbal conoció a Gabriel Suárez, un fotógrafo mexicano que había llegado a vivir al pueblo unos años antes, aquel encuentro fué desicivo "Entre los cohetes y la ebriedad patrióticos para celebrar la Independencia mexicana, el 15 de septiembre, conocí a mi futuro marido y todos mis planes se desbarataron". Con la dificultad del idioma y sin posibilidades de practicar su profesión en su nuevo hogar, Kiki, pseodónimo de Irene desde su niñez, comenzó a pintar como una forma de pasar el tiempo, sin imaginar que convertiría en su mayor pasión. Unos años después la pareja tenía tres hijos y había iniciado un proyecto que se convertiría en ito para la historia cultural de la región: La Galería, un café-restaurante y tienda-galería de arte, que pronto se volvió el lugar de encuentro de investigadores, arqueólogos, escritores, artistas y viajeros de toda nacionalidad y personalidades, comerciantes y habitantes locales que por primera vez convivían y se encontraban en un mismo lugar. La obra artistica de Kiki poco a poco fué madurando en recursos narrativos y estilisticos, autobiográfica muchas veces y cercana y universal en sus temas, convirtió la cotidianeidad y la experimentación plástica en elementos constantes de búsqueda. Técnicas como el grabado en cobre, el bordado, el collage, la acuarela y el acrílico, se convirtieron en recusos habituales de su extensa obra. La cultura mexicana también jugó un papel fundamental en sus creaciones, el colorido de los textiles y de las calles, la algarabía y la alegría de sus pueblos, se revelaron en el alma colorida de su paleta y en la riqueza diversa de sus texturas. Caracterizada por su aparente sencillez, poco a poco fue surgiendo un universo de texturas, personajes y temáticas que se convirtieron en el sello que hace tan peculiar y original el arte de Kiki. En los años noventa unos amigos estadounidenses que conocían la obra de Kiki le propusieron la creación de una linea de productos con su arte para comercializarse en los Estados Unidos. La linea pronto tuvo éxito y permitió a la artista dar a conocer su trabajo en otros países como Japón y al mismo tiempo, generar una forma de comercializar su obra haciéndola accesible a mercados y consumidores diversos. Años después nacería gracias a aquella apuesta Kikimundo. Desde sus inicios, la narrativa siempre ha estado presente en su obra plástica, a través de frases y titulos que acompañan sus pinturas, Kiki crea mensajes que enfatizan el sentido de sus creaciones y que se convierten en potentes vehículos de comunicación. A menudo también algunos de sus cuadros han dado pié a la creación de series e historias que se han convertido en cuentos y libros. Hace unos años Kiki regresó a su trabajo como terapeuta, esta experiencia de contacto con las problemáticas de las personas y el enterarse de que sufría un padecimiento degenerativo de la vista incurable, la impulsaron a la creación de una obra aún más comprometida. La violencia hacia las mujeres, el apoyo a personas con discapacidad, el cuidado del medio ambiente, los valores éticos y los derechos de niños y adolescentes se convirtieron en algunas de las temáticas presentes en su trabajo artístico y social. Hoy en día, apesar de las dificultades que enfreta debido a su padecimiento, Kiki sigue realizando ilustraciones y collages. Con el apoyo y la inspiración de iniciativas propias y de otras personas, sus imágenes y mensajes continúan llegando a nuevos contextos y personas, a través de la realización de murales de gran formato en espacios públicos y de la creación de materiales didácticos a disposición de centros educativos, de formación y de sencibilización, su obra se ha convertido en un instrumento de cambio y transformación social. Kiki es también parte activa de diversos grupos de apoyo, colaboración y desarrollo de propuestas sociales y comunitarias que hacen hoy de Kikimundo una empresa con compromiso social y un semillero creativo y productivo que beneficia a diversos grupos y comunidades. Más allá de los temas que aborda su obra y de los recursos estéticos que emplea, el arte de Kiki es un canto a la vida, una invitación para percibir el mundo con esperanza, para romper las fronteras impuestas por el racismo, el clacismo, la violencia y el temor e ir a la búsqueda de un mundo más justo y solidario, un mundo donde quepan muchos mundos. ENGLISH//

Was born and grew up in the city of Hamburg in Germany were she finished her university studies in Psychology. Later in her life, though different courses, she continued her formation as a psychotherapist and immersed her self into budism and meditation. In 1977, with the news of a family inheritance, and motivated by seeing the world, Kiki decided to make a trip to Mexico with the company of a friend. After being in a lot of mexican cities and places in the north of the country, they started to go south with the objective to get to Guatemala. Very close to the border with Guatemala, they decided to make a stop in San Cristobal de Las Casas, a little colonial town, lost in the high mountains of Chiapas, she wrote: ´´Since my first day in Mexico, i knew i would be faced to question everything i had learned, felt and thought in Germany, that this country would force me to revaluate everything i knew till then. I did not know at that time, how much Mexico would reshape my life´´. She did not imagine back then that stop in her trip would change her life. In San Cristobal she met Gabriel Suárez, a mexican photographer who had arrived to town a few years before, that encounter was decisive: ‘’Within the fire works and the effusive patriotic celebrations of Mexican Independency, the 15th of September, i met my future husband, and all my current plans fell apart’’. Kiki and Gabriel soon got married. With the barrier of language, and without possibilities of practicing her profession in her new home, Kiki started painting as a way to pass time, without imagining it would become her greatest passion. A few years later, they got three kids, and they had started a project, which would later become an important stone in the cultural history of that place, and named it ‘’La Galería’’. It was a Caffe-Bar with Restaurant and a store with an Art Gallery, which soon became the meeting point for investigators, archeologists, writers, artists and all kind of travellers from many nationalities and personalities, and also the local people, which for the first time had a place to meet and interact with each other. Kiki´s art started to flourish with narrative resources and styles, many times autobiographic but intimate and universal with her different topics. She transformed daily life with plastic experimentation to create elements of constant search. Techniques such as copper engraving, weaving, collage, water and acrylic colours, started to be common resources in the creation of her art. Mexican Culture also had a fundamental part in her creations, the colourful and diverse fabrics made by the native locals, the streets, the mess and the joy of the towns in Mexico, had its revolution in the colourful soul of her palette, same way as in the diversity of her textures. Characterised by its apparent simple style, her art started to create a universe of textures, characters and themes which became the soul of what makes kiki´s art so peculiar and original. In the nineties some friends offered her to create a line of selected products with her art printed on them, with the objective to commercialise it in the United States. The line had quick success, and opened a lot of doors for her art to reach more people, and also sell it in a more accessible way to reach other markets. Thanks to this approach, several years after, Kiki and his Son, Daniel, created ‘’Kikimundo’’. Since her beginnings narrative had always been present in her art, through little texts and tittles it has kept constant company to her paintings. Kiki creates messages, which emphasise the meaning of her creations and transform it in strong vehicles of communication. Its common that a single picture serves as inspiration to create many stories which have ended making several books. A few years ago, Kiki started to work as a psychotherapist, and the experience of being in contact with the many problems of people and finding out she suffered from a degenerative eye disease which has no treatment, pushed her to create something with more compromise. Violence against women, support to people with disabilities, taking care of the environment, promoting ethic values and children´s rights, all became some of the themes present in her artistic and social work.

YO TAMBIEN ME LLAMO KIKI! decía la otra Kiki. Me llevaba un año. Teníamos 13 y 14 años. Le creímos. Sabíamos que su nomb...
14/08/2026

YO TAMBIEN ME LLAMO KIKI! decía la otra Kiki. Me llevaba un año. Teníamos 13 y 14 años. Le creímos. Sabíamos que su nombre verdadero era Anhild, pero ella decía que siempre también de apodo le habían dicho Kiki como a mí y la llamamos Kiki. Había dos Kikis, está bien, mi canario también se llamaba Kiki. Había probablemente miles o cientos de miles de Kikis en el mundo. ¡Por coincidencia nos habíamos encontrado dos!

Anhild era la hija de un buen amigo de negocios de mi papa. Los dos vendían motores eléctricos. Jupp, el amigo de mi papa, también tenía 3 hijas como mi papa, solo que eran más grandes, su Kiki era su más chiquita y yo era la más grande de tres. Jupp se había divorciado de su mujer cuando su Kiki había tenido, creo, 3 años. Kiki se quedó a vivir con su madre y su papa empezó una larga vida de soltero alegre.

En realidad Kiki no había sido nunca antes Kiki, nunca antes de conocerme a mí y mi familia y su papa se callaba de eso. Cuando estábamos juntos también la llamaba Kiki, ¿o no? ¿Lo recuerdo mal? Cosa es que Kiki venía a visitarnos durante muchas vacaciones desde su ciudad más en el sur de Alemania. Jupp nos lo había pedido. Se preocupaba por que veía a su hija muy sola e infeliz. En nuestra familia estaba feliz, tal vez había soñado toda su vida en una familia así, aunque nosotros también teníamos nuestras broncas. ¿Quién no?
Cada cuando Kiki regresaba a su ciudad con su madre: nos escribíamos cartas, cartas con sobre y timbre como antes, y a veces a diario.

Kiki empezaba a platicarnos pestes de su mama. Su mama la pegaba, la encerraba. Su mama parecía una verdadera bruja. Yo platicaba eso a mis padres y ellos lo comunicaban a Jupp. Lo que platicaba Kiki de su brujamadre era para llamar a la policía, pero nadie la llamaba y nunca jamás le vi moretones o marcas de estas supuestas golpizas.
Yo platicaba a mis papás y estos platicaban a Jupp y Jupp muy seguramente se sentía incómodo y para sentirse un poco menos incómodo: ¡soltaba dinero para Kiki, nos invitaba a todos aquí y allá! Y todo seguía igual o tal vez no: sus cuentos sobre su madre de Kiki empeoraban constantemente. Yo me angustiaba y mucho, porque quería ayudarla en contra de esta terrible mujer que parecía ser su madre, pero no sabía ni cómo.
Hoy creo que Kiki - con todos sus cuentos de horror gritaba a su padre: ¡Te quiero a ti ¡Quiero estar contigo! ¡Rescátame!

Un día hubo la fiesta del fin de la escuela de bailes – eso entonces se acostumbraba todavía – y yo viajé con mis padres a la otra ciudad para estar presente en este gran evento y eso es cuando conocimos a la brujamamá de Kiki: ¡ y no nos pareció ninguna bruja! Bueno, era una fiesta, un evento público ¿y quién se muestra allí de bruja? Pero estaban las hermanas más grandes de Kiki y todas, inclusive Kiki, parecían hasta muy amorosas con su madre y Jupp y su ex se parecían llevar muy cordialmente.

Después de esta fiesta Kiki ya casi no mencionaba a su madre cuando nos visitaba o viajaba con nosotros. En vez de eso me preocupaba con sus aventuras amorosas, todas con hombres de cincuenta años y arriba – supuestamente - que la pegaban y le daban droga….
¡Ay, yo era tan fresa y confiada y mi novio y yo nos pasábamos horas preocupándonos por ella!!! En vez de leer novelas o ver la tele, sufría la constante telenovela de Kiki, recibiendo sus constante cartas y llamadas por teléfono llenas de noticias del absoluto horror.
Al rato teníamos – las dos Kikis - veinte y tantos años, Kiki aprendió inglés y francés, fue a la escuela de secretarias y entró a trabajar como secretaria en el negocio de su papa. Era una secretaria, pero con muchísimos privilegios: ganaba un supersueldo, podía acompañar a su padre a muchos viajes y cuando se enfermaba seguía recibiendo el mismo sueldo. Bueno, eso es ley en Alemania para cualquier empleada, pero Kiki empezó a enfermarse mucho. Apendicitis. Amigdalitis. Algo de los nervios en la mano, una enfermedad de secretarias por escribir mucho a máquina. Migrañas cada vez más terribles. La operaron, le dieron esta y otra y una nueva terapia para esta u otra de sus dolencias.
Una vez se involucró con un joven que también trabajaba en el negocio de su padre, pero luego salió del closet como homosexual. O así lo platicaba ella. Yo estudiaba, había pasado por el marxismo, estaba explorando el budismo y saboreando la filosofía hippie.
Después, creo, que Kiki ya nunca me platicó de ninguna relación amorosa, ni con un ruco violento ni con jóvenes. Seguía visitándonos. ¡Su padre finalmente se había enamorado en una mujer mucho más joven que se había embarazado! Una verdaderamente linda mujer, mis padres se hacían amigos con ella también. Kiki ya solo hablaba de enfermedades y doctores y más enfermedades. Mientras que su papá, Jupp, rehacía su vida en una edad ya avanzada, ella heredó el departamento de soltero de su padre para enterrarse allí por el resto de sus años.

Cuando regresé por un rato con mi esposo mexicano a Alemania donde nació mi primer hijo, ella vino a visitarnos. Estaba más flaca todavía que antes. No podía comer un montón de cosas por su estómago y una enorme variedad de alergias. Solo arroz y pollo hervido. Nada sabroso. ¡Ni un pastelito con crema batida, ni un chocolate, ni una salchicha! Ya no trabajaba. Por tantas enfermedades la habían jubilado temprano. Muy temprano: ¡ni tenía 30 años!
Su papa le pagaba la vida.

Creo que su constante mensaje de Kiki a su padre era: ¡Yo sufro porque tú me abandonaste! ¡Todas mis enfermedades son por TU culpa!
¡Y su padre comprendió el mensaje y aceptó su culpa! La aceptó y pagaba – y literalmente – culpas. Es probable que ninguno de l@s dos nunca puso este enganche de culpar y aceptar culpas en palabras, pero l@s dos entendían el enganche hasta la perfección en un nivel preverbal y no consciente y por eso funcionó tan maravillosa- e infinitamente.
Pero eso lo veo HOY: ¡décadas después!

Kiki ya nunca tuvo que trabajar, porque su papa le pagaba la vida. Muy cómodo. Mucha ganancia. Y una terrible pérdida: porque - según yo sepa, nunca perdimos completamente el contacto, seguían las cartas a la antigua – nunca jamás trabajó y/o tuvo una relación amorosa. Vivía como mu**ta en vida.
¡Vente y visítame en México! Le escribía. Pero ni imaginarse eso: es imposible con mis alergias y muchas enfermedades, me explicaba en sus cortas cartas.
Una vez me visitó una hermana de Kiki cuyo hijo vivía un rato en San Cristóbal. Ésta era una mujer alegre, dos veces divorciada, adicta al viajar y descubrir las bellezas del mundo, ella lamentaba la triste vida de su hermana chica - que nunca llamaba Kiki y siempre Anhild. Anhild ya casi nunca salía del departamento, no tenía amistades y solo aparecía en reuniones familiares. Su madre de las tres hermanas ya había mu**to, algo que había afectado muchísimo a Anhild según su hermana. Jupp, su papa, ya también había mu**to y las tres habían heredado una buena suma de dinero, ¡pero Anhild ni sabía en qué gastarlo! Ya era una solterona con mil enfermedades, ¡ni pensar ni en viajar ni en salir a comer rico!

Cada año a mi cumpleaños recibía una tarjeta de esa mi Anhild – Kiki, nunca aprendió usar una computadora o mandar correo electrónico. Con su letra chiquita e irregular escribía palabras y frases que casi no decían nada. Solo contaba de esta u otra nueva enfermedad, de sus sobrin@s, uno u otra festividad familiar. Con 50 y tantos años de edad sufrió un aneurisma. Se recuperó, pero solo para aumentar discapacidades u dolencias.

Creo que fue hace 10 años que su hermana me notificó de que Kiki – Anhild había mu**to: ¡de un derrame cerebral, como su papa unos años antes! Sentí tristeza, pero tristeza sobre su vida, su muerte casi era un alivio, especialmente para ella – ¿o así parece, o? Su muerte era el fin de una vida como mu**ta.

aHace pocas noches soñé en ella - lleva como 10 años ya mu**ta - y la vi joven, bella, elegante, sonriéndome. Le dije: — Pero Kiki, tu ya estás mu**ta! - Pero ella no quería saber nada de eso, su cara me señalaba que se sentía joven y muy viva…….Sigo con ese sueño vivo adentro de mi 🙂

LA VIDA DE MIS MUÑECAS Y MI CARTA A DIOS - Cuando era chica: cada noche acostaba a mis muchas muñecas a mi lado en mi ca...
14/08/2026

LA VIDA DE MIS MUÑECAS Y MI CARTA A DIOS - Cuando era chica: cada noche acostaba a mis muchas muñecas a mi lado en mi cama, las tapaba con el enredón y procuraba quedarme despierta hasta la media noche cuando supuestamente las muñecas iban a cobrar vida. Nunca logré llegar despierta a la medianoche. Nunca pude conocer mi muñeca Sylvia, la más grande, o Rosy como seres vivas, niñas que podrían ser mis verdaderas amigas. El otro día platiqué eso a mi nieta Ania de ahora 7 años. El domingo pasado vino y me habló por 10 horas de 1001 cosas y de repente se quejó conmigo: Yo la otra noche miré al reloj, no me dormí, estuve despierta a las doce de la noche y sabes qué, Kiki? NINGUNA MUÑECA Y NINGÚN JUGUETE COBRARON VIDA!... fue un poco después que decidí escribir una carta a Dios. Una noche me senté a escribir una carta a Dios. No recuerdo qué le dije a Dios, quizá sobre el enamoramiento que tenía por un chico llamado Jürgen, que a menudo me sentía sola y rechazada por mis amigas, que mi hermana menor era mucho más bonita… Sea lo que sea que haya escrito en esa carta, no es tan importante; pero mientras la escribía, sabía —y aún lo creo— que esa era la carta más importante que había escrito o escribiría jamás.

Cuando me fui a dormir en la enorme cama junto a mi abuela, puse la carta a Dios debajo de mi almohada. Dios la encontraría allí y se la llevaría, y cuando me despertara a la mañana siguiente, la carta ya no estaría y sabría, de una vez por todas, que Dios existía, aunque Papá Noel no, y el tiempo siguiera volando.

Eso encuentras en mi libro LA COLECCIONISTA DE MEMORIAS, que puedes descargar en pdf sin costo de mi página en www.kikimundo.net

UNA VEZ TAMBIÉN FUI VENDEDORA DEL MERCADO - Vine a San Cristóbal, me enamoré, me embaracé y decidí quedarme. Sin embargo...
14/08/2026

UNA VEZ TAMBIÉN FUI VENDEDORA DEL MERCADO - Vine a San Cristóbal, me enamoré, me embaracé y decidí quedarme. Sin embargo, me enfrenté a un abismo cultural. Me deprimí y aún con todo y despertarme como artista. Fue entonces cuando Gabriel propuso:
—Bueno, entonces vamos a Alemania.
Así lo hicimos. Llegamos a Hamburgo, mi ciudad natal, en primavera. Para poder sobrevivir allí, comenzamos a vender artesanía mexicana en los mercados sobre ruedas que abundan en la ciudad. Además de verduras, carne, frutas, quesos y flores, en esos mercados se ofrecen todo tipo de productos, desde antigüedades hasta baratijas.
Con los tejidos mayas no tuvimos éxito. Nadie los compraba. Eran demasiado elaborados, costosos y no estaban de moda. Cambiamos entonces a joyería de plata de Taxco y, para nuestra sorpresa, las cosas mejoraron considerablemente. Gabriel regresaba constantemente a Taxco para surtirse de plata. En una sola maleta podía transportar una gran cantidad de mercancía.
Hay una foto que captura aquella época: estoy sentada detrás de nuestra mesa en el mercado, esperando clientes, con mi primer hijo, Julián, ya bastante grande adentro de mi panza.
Era una vida dura. Nos levantábamos de madrugada para tratar de conseguir un lugar, ya que siempre había más solicitantes que espacios disponibles. Los puestos más codiciados estaban apartados por campesinos de la región desde hacía años.
Recuerdo la envidia que nos daba ver a los floricultores. Mientras nosotros apenas lográbamos ganar unos 200 euros al día, ellos vendían miles en pocas horas. Los alemanes gastan fortunas en flores.
En verano, cuando amanece a las 4 de la mañana, era más fácil salir a las 6 para instalar el puesto. Pero en invierno, con temperaturas de hasta 15 grados bajo cero y amaneceres tardíos, la situación era casi insoportable. Para sobrevivir al frío, usábamos un calefactor de gas, tomábamos aguardiente y comíamos montones de las salchichas que – afortunadamente - las vendían por todos lados en los mercados. La gente llevaba guantes gruesos y se los quitaban con dificultad para probarse los anillos o el gorro de lana para los aretes. Hoy me parece un milagro que hayamos vendido lo suficiente durante los meses del invierno, que además comenzó con una tremenda tormenta de nieve y temperaturas de hasta 30 grados bajo cero. Con temperaturas de hasta 30 grados bajo cero, dejamos de vender joyería en las calles de Hamburgo y nos refugiamos en el cafecito de un pastelero debajo de nuestro departamento, que vendía una gran variedad de deliciosas tartaletas con crema batida.
Aunque sabía que sería difícil encontrar delicias como esas en México, llegó un momento en que pensé: “Si quiero pintar y ser madre, será más fácil en México”.
Entonces ocurrió algo inesperado: murió mi abuelo materno. Hasta la fecha, mi abuelo Reinhold ha sido la única persona a la que he acompañado hasta el momento de su muerte. En sus últimos días, oscilaba entre la consciencia y un estado de coma, pero entendía todo lo que murmurábamos cerca de él y eso que ya había andado algo sordo. Aunque los médicos insistían en que no percibía nada, nos respondía con gestos.
El último día, mi mamá y yo, le dijimos:
—Vamos con la abuela para darle de comer al bisnieto – mi hijito Julián - y regresamos.
Cuando volvimos, mi abuelo, que llevaba días casi inmóvil, se puso cada vez más pálido, de pronto se sentó, abrió los ojos y nos miró fijamente antes de exhalar por última vez y caer hacia atrás. Estaba mu**to. En esos segundos anteriores, como si algo me guiara, comencé a hablarle con palabras dulces y llenas de amor que nunca antes le hubiera dicho o yo sentido. Fue un momento maravilloso y terrible a la vez.
Después pensé: algún día yo también me voy a morir. ¿Cómo quería vivir hasta entonces? ¿Dónde quería vivir?
Gabriel y yo decidimos regresar a San Cristóbal. Mis padres, profundamente enamorados de su primer nieto, quedaron devastados por nuestra decisión. Sentí su dolor como un cuchillo en el pecho el día que fuimos a decirles. Sin embargo, ese mismo dolor los llevó a visitar México, un país que, para ellos, era completamente exótico. Mi padre, empujado por el amor a su nieto, sobrepasó sus propios límites de miedo a viajar a un lugar dónde no hablaban alemán, dónde tendría que probar comidas desconocidas y, con eso, se aventuró a una nueva experiencia de vida. Este dolor abrió, para mis papás, una puerta para explorar un nuevo planeta que se llama México.
Hoy he creado mi propio mercado: Kikimundo, dónde ofrezco mi arte. Mis hijos ya son hombres y yo soy abuela de nietos ya adultos. Mis padres han mu**to y, aunque he dejado atrás los inviernos gélidos de Alemania, en México me han alcanzado otras tormentas: olas de refugiados, cenizas volcánicas, rebeliones sociales, un terremoto devastador y, más recientemente, la pandemia del coronavirus y, mi tormenta muy personal, de volverme ciega. Aun con todos estos retos, mi vida aquí ha sido profundamente rica y llena de aprendizajes, mi Gran Aventura Mexicana.

Este es un capitulo de mi libro LA COLECCIONISTA DE MEMORIAS editado por Editora Laia en Buenos Aires, una editorial sin fines de lucro. Si te interesa; escríbeme al WhatsApp 52 967 679 1005 - tambien puedes descargar el libro - y varios otros - sin costo alguno de mi página web: www.kikimundo.net

Imagen por Kiki - en los mercados sobre ruedas de Hamburgo. Yo no vendía verduras, pero joyería de Taxco. Pero así como esta señora

EIN JAHR IN AFRIKA - Vor dreissig (heute fast fünfzig) Jahren habe ich meine erste Welt für immer verlassen ohne es zu w...
13/08/2026

EIN JAHR IN AFRIKA - Vor dreissig (heute fast fünfzig) Jahren habe ich meine erste Welt für immer verlassen ohne es zu wissen, als ich mit Freundin und Rucksack im hamburger Hauptbahnhof in den Zug stieg, der mich zu meinem ersten Flug in die neue Welt bringen sollte. Der Mann, der mein Herz gebrochen hatte, begleitete mich zum Zug; vor der Abfahrt schenkte er mir seine Flöte. Ich habe ihn nie wiedergesehen. deine Flöte begleitete mich länger als du
Für durchschnittlich fünf Dollar am Tag reisten meine Freundin und ich spanisch radebrechend durch Mexiko. Ich hatte die Bücher Carlos Castañedas gelesen und ich glaube, ich suchte meinen eigenen Schamanen hier.. Menschen liefen barfuss und hatten mal gerade eben ein Dach über dem Kopf, aber sie lächelten mich an im Vorbeigehen.
ich hab nur dies Hemd und meine Hose, sagt er - lacht mir ins Gesicht Kinder spielten bis Mitternacht auf der Strasse; Hähne krähten und Hunde bellten die ganze Nacht hindurch. Wannimmer ich begann, Mexikanern mit meinem miesen Spanisch
Kernkraftwerke oder den dritten Weltkrieg zu erklären, riefen sie No hay problema! und schleiften uns zu einer Fiesta, wo all meine Konzepte von No Future in mexikanischen Farben ertranken.
Keck buntschillernde Fiestafähnchen locken mich, nicht nachzudenken
Am letzten Ort in Mexiko, bevor wir die guatemaltekische Grenze erreichen würden, dachte ich, als ich die Morgenwolken vor den Berggipfeln beobachtete: hier könnte ich leben! Ganz allein für sich hat der Morgennebel nun jene Bergspitzen!
Zwei Tage später lernte ich dort meinen zukünftigen Mann kennen. Meine Freundin reiste allein nach Guatemala weiter und nach Deutschland zurück. Ich flog alle paar Jahre nach Hamburg, um meine Familie und Freunde dort zu besuchen, aber zurückgekommen bin ich nie. Meine Wohngemeinschaft, die meisten meiner Studienkollegen und meine Berufspläne hatte ich endgültig hinter mir gelassen, als ich an jenem Sommertag vor dreissig Jahren in jenen Zug stieg.
Ich heiratete und wurde Mutter dreier Söhne, aber obwohl ich bald spanisch sprach, fühlte ich mich noch lange nicht in meiner neuen Welt zu Hause und, wenn ich meine alte besuchte, dort nicht mehr.
noch immer Elbsand unter meinen Fusssohlen: piekt und macht Heimweh!
Oft war mir als sässe ich mutterseelenallein auf einem unbequemen Stuhl zwischen den Welten und fiel dann oft in Depressionen.

A very dark cloud
completely covers my soul –
I think of dying…

Eines abends malte ich ein Bild. Auf das leere Blatt mit dunkelroter Farbe etwas malen: ahhhhhhh!
Statt Psychotherapeutin in Hamburg wurde ich eine Malerin und Galeristin in dieser kleinen, alten, farbenfrohen südmexikanischen Stadt.
Sechsundzwanzig Jahre später waren meine Jungen erwachsen kam meine Ehe in eine tiefe Krise. Ich sehe dich an, aber ich finde dich nicht mehr in meinen Augen
Wir trennten uns und reiste einen langen, warmen, wunderschönen Sommer lang durch Deutschland. War eine Rückkehr möglich?

Ganz schnell mit der Bahn
vorbei an Sommerfeldern –
ein Kind schaut mich an…

Schliesslich erkannte ich, dass ich in meine quirlige mexikanische Stadt gehörte, mit oder ohne Mann.
Jenen Sommer durchraste mein Mann in seinem BMW – Sportwagen die Halbinsel von Yucatan, bis er einen Unfall hatte. Er sprang dem Tod von der Schippe und wir fanden einander wieder.
Fast dreissig Jahre miteinander gelebt – nun sagt ein Blick alles
Mein Mann ist jetzt ist seitdem süchtig nach Natur und fotografiert. Drei seiner Brüder starben in den letzten vier Jahren. Bevor ich zu alt bin oder sterbe, möchte ich Afrika fotografieren, sagt er.
Und so schicke ich mich an, meine neue Welt zu verlassen, um ein Jahr lang eine noch neuere für mich zu erkunden. In zehn Tagen lasse ich meine Kinder und Enkel, meine Freundinnen, meine Patienten, meine Bücher und Bilder in meiner Gallerie hinter mir und fliege in ein Jahr, das noch gar nicht verplant ist. In den letzten Tagen habe ich immer wieder gedacht: es ist ein bisschen wie Sterben. Ich fliege ab und meine kleine alltägliche Welt wird ungestört ohne mich weiterfliessen, wie sie vor dreissig Jahren in Hamburg ruhig weitergeflossen ist, als ich abgefahren war. Wir stellen uns unseren Tod als eine grosse Katastrophe vor und für uns selbst scheint er es ja auch zu sein: er vernichtet uns. Zwei meiner besten Freundinnen sind im letzten Jahr gestorben, und bei aller Trauer ihrer Familienangehörigen sehe ich so klar wie nie wie das Leben insgesamt ihren Tod als ein ganz natürliches Ereignis hinnimmt, gar keine Katastrophe! Wenn ich nun in zehn Tagen nach Afrika fliege, fliege ich nicht in das grosse Unbekannte des Todes (hoffe ich doch wenigstens), aber doch in das sehr Unbekannte einer neuen Welt für mich. In jeder neuen Welt lerne ich mich selbst neu kennen, was werde ich in Afrika über mich herausfinden?

Immer woanders,
durch Städte und durch Länder
auf dem Weg zu mir.

Africa begann schon in den para Tagen, die ich in Hamburg war, um mit meiner Mutter ihren achtzigsten Geburtstag zu feiern. Eine meiner Nichten ist mit einem Mann aus Togo verheiratet. Er hat kein Abitur und kann nicht studieren und so bleibt ihm nur, sagt meine Nichte, als Küchenhilfe zu arbeiten. Mein Mann sagte: Er muss sehen, dass er wenigstens Kellner sein kann, dann kann er mehr Geld verdienen.
Niemand in Hamburg will will einen schwarzen Kellner! antwortete meine Nichte. Meine Schwester unterrichtet Deutsch an Ausländer, darunter sind auch viele Afrikaner. Sie tut was sie kann, um ihnen zu helfen, das deutsche Abitur zu bewältigen, damit sie eine Aussicht auf ein besseres Leben in Deutschland haben. Es ist schwer.
Aber am Flughafen in Düsseldorf, wo wir einige Tage später auf unseren Flug nach Windhoek warteten, ist kein einziger Schwarzer, obwohl Namibia ein Land mit 90 % schwarzer
Bevölkerung ist. Arme Schwarze kommen auf abenteuerlichen Wegen in reiche weiss Länder, um durch harte Arbeit zu erreichen, ein bisschen von diesem Reichtum für sich abzuzwacken. Reiche Weisse reisen in arme schwarze Länder, um sich das Abenteuer zu gönnen, arme Schwarze in ihrer traditionellen Lebensweise zu begucken. Ich gehöre zu diesen Weissen und bin mit dieserselben romantischen Sehnsucht vor dreissig Jahren nach Mexiko gereist. Die Indianer, die noch in ihren traditionellen Dörfern leben, sind in Mexiko die Ärmsten. Dann Afrika: die Strasse voller schwarzer Gesichter, viele mit so schönen Zügen und so klarem Blick! Manche Frauen kommen in farbenfrohen Kleidern. Die Apfelsine in der Hand eines Schwarzen: wie sie da leuchtet!
Ich kann mich nicht sattsehen und vergesse immer wieder, gut auf meine Tasche aufzupassen, damit keiner sie mir klaut, wie man un simmer wieder geraten hat. Abe rich habe Glück, denn keener klaut sie. In einer kleinen Galerie hängen Holzdrucke von Buschmännern: schwarze Tiere und einfache Haushaltsgegenstände.: schwarze Figuren auf weissem
Hintergrund. Ich habe die ganze letzte Nacht lang von der Schönheit dieser Bilder geträumt. Gestern erlebte ich mehrmals wie Weisse Schwarze in ziemlich respektloser Art und Weise ausschimpften. So scheint es mir, dass hier immer noch viele Weisse denken, sie seien die hellen Figuren auf einem schwarzen Hintergrund. Und wenn ich mal davon absehe, wie ich denke und was ich glaube und all diesen rationalen Denkkram, dann muss ich wohl zugeben, dass ich von meiner Lebensweise her zu ihnen gehöre.

Wenn Sie mehr aus meinem Buch EIN JAHR IN AFRIKA lesen wollen, koennen Sie es fuer 100.- MN con meiner Webseite herunterladen : www.kikimundo.net

🙂 🙂 🙂

Bild von Kiki: In Afrika 🙂

THE TASTE OF TORTILLAS - Kiki SuarezEdited by Susan Ritter. - I wrote these stories almost twenty years ago. Around 2007...
13/08/2026

THE TASTE OF TORTILLAS - Kiki Suarez
Edited by Susan Ritter. - I wrote these stories almost twenty years ago. Around 2007, my husband and I spent time in southern Africa, traveling and taking photographs. A small publishing house in my hometown of Hamburg asked me to write a series of short observational pieces, each accompanied by a haiku, about our experiences during that journey.

When I finished those texts, I thought, Why not write about what I remember from my arrival in Mexico and my first years there as well? That is how this book came into being. Now that I have rediscovered it in some corner of my computer and today have the opportunity of publishing it digitally, I realize how much my small city, San Cristóbal de las Casas, in southeastern Mexico, has changed.

Some changes have been for the worse. The city has grown enormously; nature has been consumed and destroyed, and today we feel the effects of global warming more strongly than ever.

Other things have improved. The back then deep-rooted racism and the social divisions between “those at the top,” “those in the middle,” and “those at the bottom”—especially toward the Maya people who live here—have gradually diminished. I do not mean that everything is perfect, but today I see Indigenous women, dressed in their traditional clothing, earning doctoral degrees at local universities. Many Indigenous artists are now widely recognized. They existed then as well, but it was almost impossible for them to make a living from their art or receive the recognition they deserved.

Today I can buy Italian cheeses and French pastries in my little town, where back then there was only one kind of local cheese and almost no wine to be found. Those years seem more innocent now, although I cannot tell whether that is simply nostalgia coloring my memories. In those days, we did not live with the fear that our children might be kidnapped. The narco culture that has become part of everyday life today simply did not exist.

My paintings that illustrate trhgis book are also from a different time. Mostly I paint women, men do not appear much in my images. The dress of the indigenous women have evolved, but many women do not have their long braidas anymore, I loves these long and strong and vibrant braida with the huge ribbons at the bottom, ribbons like butterfkues. Many Mayan women cut their hair, wear blue jeans and Western clothing, or wear their traditional outfits with shorter skirts, dyed hair, perfect make – up and incredible high and elegant high heels. Absolutely fascinating modern developments. Many find a middle way between the different cultures and do not hide and repress their original culture anymore. The Zapatista Rebellion has helped to bring about this change, I believe.

I cannot say with certainty which things are better and which are worse today; I only know that everything changes. Time keeps flowing, and each day, as soon as the next one arrives, already belongs to the past.

I still deeply love my little Kikimundo - bubble in Mexico. I know many young people who work with extraordinary passion to protect nature, support children living on the streets, or accompany women trying to escape family violence. They give me hope for the future.

We are an ignorant and often destructive species, yet we are also extraordinarily creative.

I am publishing these texts as a document that, with the passing of the years, may acquire a modest historical value. I hope you enjoy reading them.
To me, Mexico remains a country of profound magic and surrealism. Thankfully, that spirit does still exist,
In Summer 1977 I left Germany for good. I did not know it was for good when I boarded a train to Brussels, accompanied by my friend Michaela and my enormous backpack. From Brussels we would catch a plane to America.

We landed in Los Angeles, visited Hollywood and Disneyland and then headed out of the US as fast as we could on a series of Greyhound busses. Crossing into Mexico at Chihuahua, Michaela and I traveled the country for five dollars a day – north to west to the middle and south. I had recently read Carlos Castaneda’s books about his apprenticeship with a Mexican shaman. Deep down, I think, I hoped to find my own shaman by crisscrossing Mexico.

Life in Mexico was different, and instead of hiding in their homes, people were on the streets. They did not rush from here to there, but sat on benches or walked around selling newspapers, lottery tickets, toys, fruits and sweets. Shoeshine men conducted business on the sidewalks. People stood together and chatted, or they sat on church steps playing the guitar or flute asking for money from the passersby. Shops stayed open until nine at night. Children played in the streets, sometimes until midnight. C***s cockadoodled and dogs barked happily all through the night.

I am part of Germany’s “no future” generation. I had protested nuclear power plants and prepared myself psychologically for World War II. Whenever I tried to explain this in my very bad Spanish to the Mexicans I met, they responded, “No hay problema!” Then they would take us to a fiesta – there was always one somewhere – and my anxieties would drown in Mexican colors.

En route to the Guatemalan border, in the southeastern mountains of Chiapas, we arrived in the colonial town of San Cristobal de Las Casas. On my first morning there I watched clouds playing with the mountain tops that encircled the town and thought, “I could live here.”

Two days later I had met my future husband and Michaela traveled alone back to Germany.

I married and became the mother of three sons. Every other year I returned for a vacation to see my family and friends in Hamburg, but I never returned for good. Germany did not feel like my world anymore. Although I learned Spanish quickly that did not mean I felt at home in my new world either. Often I felt as if I were a motherless child sitting on a high chair far above the Atlantic Ocean.

During one of those first days when I felt sad and lonely, I started to paint. I had not done that since my childhood. My sadness crumbled, and everyone loved my paintings. I kept playing with brushes and colors, and then, instead of practicing as the psychotherapist – for which I was educated – I became a painter. My husband opened a restaurant in town and I started running an art gallery.

If you want to read more of my Mexican stories, you can download my book THE TASTE OF TORTILLAS for 100,- MN FROM MY WEBPAGE www.kikimundo.net

🙂 🙂

Image by Kiki : mayan girls with bull 🙂

MADRES ABANDONADAS - Mi hermana más chica un día me confio que cuando era chica, tal vez 5,6 o 7 años, ella estaba enamo...
13/08/2026

MADRES ABANDONADAS - Mi hermana más chica un día me confio que cuando era chica, tal vez 5,6 o 7 años, ella estaba enamorada de nuestra madre, pensabe que era la más bella mujer en el mundo!!! Yo no me acuerdo de algo así. Para mí mi padre no era el más bello del mundo, pero el más bueno y confiable. Amaba tanto a mi padre que – me acuerdo muy bien – mi mamá me estorbaba. Décadas después aprendí que esto se llama el Complejo de Elektra. - No, mi madre no la tuvo fácil conmigo. No pude ver su belleza aunque de veras era una mujer bellísima. O no quise reconocer su belleza por envidia, pero con 5 o 6 años: quién entiende tales emociones? Hasta tener casi 50 años solamente quería apartarme de mi madre y subrallar al mundo entero que yo era diferente, yo no era una mujer como ella!!!! - Un oelígro de la psicología malentendida es pensar que todo lo que sufrimos es culpa de nuestros padres, familias y antepasados y antepasadas. Si, influyen, pero tengo en un momento dejar de sentirme víctima y tomar la responsabilidad por mis limitaciones y sufrimientos en la vida!!!!! Yo no soy creeyente, pero creer que como almas decidimos a tener la vida que tenemos: ayuda a tomar esta responsabilidad. Si no lo crees: IMAGÍNATELO! !!!! —- Me quejaba de que mi madre no me amaba, que no me aceptaba como yo era y – claro – estaba convencida que era mejor como era yo que como era ella. Todo este drama y teatro - gracias a Dios - empezó a caer cuando – hace apenas 22 años – le hice una entrevista sobre su vida y durante tal entrevista me costaba mucho, muchísimo, no interrumpirle y contradecirle constantemente! Me di cuenta de mi intolerancia y arrogancia y estaba en shock sobre mi misma. Había grabado la entrevista y cuando la transcribí: fue la primera vez que comprendi a mi madre y de dónde venía ella y como se esforzaba y cuales eran sus profundos miedos!!!! Me di cuenta que la intolerante y cerrada había sido YO! YO a ELLA no la había aceptado como ella era! YO NO ERA NINGUNA PERITA EN DULCE! - Nuestra relación mejoró mucho y estábamos muy bien cuando ella nurió 14 años después. Después de su muerte encontré cartas que ella había escrito a mi padre que viajaba mucho. En estas cartas habla de su amor por y orgullo de mi y leyéndolas rompí en lágrimas. YO NO HABÏA SIDO ABIERTA A RECIBIR SU AMOR! Entonces recordé muchos momentos durante la vida cuando habíamos estado bien, hasta como amigas, cuando me había consolado y abrazado y protegido. Mi mente juiciosa había borrado muchas de éstas bellas situaciones por demasiado tiempo. – Conozco personas - mujeres y hombres – de mi edad que me dicen que sus hijos o hijas han cortado con ellos. No quieren absolutamente ningún contacto. No, tampoco les permiten ver a sus nietos. Han de tener sus razones y su historia. Yo fui una de estas juzgonas aunque nunca llegué a tal actitud extrema, además mi madre era una muy amorosa abuela, algo que tuve que reconocer hasta en mis temporadas más furiosas con ella. Si, hay relaciones tóxicas y a veces necesitamos distancia para protegernos, pero esta bruja que tal vez TU ves en tu madre: te ha cargado meses en su vientre, te ha dado a luz, te ha cambiado pañales y secado lágrimas. Te vistió, alimentó y te mandó a la escuela. Y aún si no hizo más que permitirte desarrollarte en su vientre y darte a luz y ya te abandonó: sin esto NO estarías en esta bella y dolorosa y siempre nuevamente bella vida!!! Tal vez a veces es suficiente agradecer eso. A veces es necesario aceptar que no hubo más. Pero sin eso yo no viviría. Así que si tú también has cortado con tu madre por resentimientos y corajes, te invito a repensar: te cambió pañales? Te alimentó? Te consoló? Te arrulló? No hay ALGO que agradecer? Y dónde anda ahora tu mamá? Ya está grande? Tal vez anda frágil de salud? Tal vez no tiene suficiente dinero para comer o vestirse? Tal vez sería el momento de acercarte, de perdonar, de DARLE A ELLA QUE TAL VEZ NO RECIBISTE DE ELLA? No debo darte consejos, pero me aviento a dar uno: ACERCATE! Cuando muere tu madre y tu la has abandonado: TE PESARÁ! Quedarás con una amargura. Okay, sé que esto no va para todos los casos – y hay casos con papá también – pero te digo: YO ESTOY TAAAN FELIZ QUE PUDE SOLTAR TODOS MIS RESENTIMIENTOS Y LLEGAR A UN BELLO AMOR con mi madre. Igual existen madres que hay que dejar abandonadas, pero estoy segura que la GRAN mayoría no merece esto…

Mi madre y yo en mi boda hace 46 años

Dirección

Miguel Hidalgo No. 3. Centro
San Cristóbal De Las Casas
29200

Horario de Apertura

Lunes 9am - 10pm
Martes 9am - 10pm
Miércoles 9am - 10pm
Jueves 9am - 10pm
Viernes 9am - 10pm
Sábado 9am - 10pm
Domingo 9am - 10pm

Teléfono

9676747273

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Kikimundo publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Empresa

Enviar un mensaje a Kikimundo:

Atajos

Compartir