16/02/2022
LAS BATALLAS DE CELAYA: LA SANGRE DE LOS INOCENTES
Por: El Ojo Vigilante
CELAYA.- Hoy en día, no es necesario tener "cuentas pendientes", estar inmiscuido en actividades ilícitas, o en "un lugar peligroso" para perder la vida de manera violenta, sanguinaria, sin piedad, vaya, ni siquiera es necesario tener un año completo de vida, para conocer cara a cara a la muerte dentro de "las Batallas de Celaya" .
En Celaya, la violencia ya alcanzó a quienes "nada tienen que ver" con la lucha de poder que se vive diariamente por la venta de dr**as, actividades ilícitas, o control de un pedazo de tierra.
En Celaya, y muy a pesar de todos, hoy en día resulta suficiente el ir a bordo de un vehículo, caminando, o estar en tu propia casa en compañía de tu familia, para convertirte en una estadística más, una "víctima colateral" de enfrentamientos o ajustes de cuentas entre individuos a los que no conoces, a quienes nada les debes, y a quienes en ningún momento les deseaste algún mal.
Lastimosamente, en Celaya la normalización de la violencia ha llegado a tal grado, en que como sociedad nos sentimos conformes y aliviados, si logramos terminar el día sin ser presa de un delito, sin que te asalten, roben el carro, se metan a tu casa, o te toque "una balacera". Vaya, la situación de optimismo mejora "si hoy no hubo un ejecutado".
Pero, en realidad, ¿qué es lo que pasa, cuando nos enteramos de que una familia "de bien" pierde la vida tras un ataque armado?, estando en su propia casa, descansando en su "lugar seguro", ¿por qué ellos?, ¿qué lugar ocupaban dentro de las "Batallas de Celaya"?.
Un error, se equivocaron de casa los sicarios, los confundieron... ¿Y?, con este lamentable hecho ¿qué cambió en el gobierno o la sociedad?, ¿el tema conmovió?, sí, ¿familiares siguen llorando la partida de sus seres queridos?, obviamente, pero nada cambió.
El tema, en la boca de los propios funcionarios a los que la misma sociedad llevó al poder, el miedo que sentían vecinos del lugar donde ocurrieron los hechos, de quienes escucharon la masacre, como todo en Celaya, simplemente pasó, y otro tema "de interés" ocupó los discursos de los funcionarios, y las pláticas entre vecinos.
Pero, ¿qué puede ser más importante que la propia vida de una persona?, mas aún si esta persona "no tenía nada que ver en los hechos donde perdió la vida".
Es obvio que, si estás enrolado en esta guerra que se libra por el poder en Celaya, si participas en ella por convicción propia, sabes que en algún momento puede alcanzarte el destino, sabes que en cualquier momento todo puede acabar.
Pero, ¿ y quienes nada debían, quienes no estaban en medio de alguna situación, quien por propia convicción habían optado por "hacerse a un costado de la guerra", no tomar parte ni para bien, ni para mal de los involucrados, quienes únicamente se dedican a trabajar para poder vivir dignamente?.
¿En dónde quedan ellos?
Me pregunto, ¿qué tuviste que hacer para que, a solo seis meses de haber nacido te arrebaten la vida en los brazos de tu madre?, ¿qué tuviste que haber hecho para que, aún sin poder caminar, comer, o hablar por ti mismo, alguien te viera como "una amenaza" para dispararte a quemarropa?, sin escrúpulos, sin piedad, sin darte oportunidad para defenderte o escapar.
Aquí la pregunta es:
¿Qué tuvo que hacer un bebé para ser asesinado con tanta saña, en medio de un hecho de suma violencia, y sin piedad?, ¿a quién pudo ofender, o causarle tanto daño? como para que su corta vida fuera cesgada de manera tan abrupta, tan desalmada.
¿Qué pudo hacer un infante en Celaya para que alguien apuntara un arma en su contra?.
¿Fue el karma?, definitivamente no.
El verdadero responsable de la muerte de cada infante, de cada persona que pierde la vida al encontrarse en "el lugar y momento equivocado", de cada familia que muere al ser "confundida" por sicarios, de cada mujer o menor de edad que es víctima de actos innombrables al ser privados de su libertad y puestos a merced de individuos sin escrúpulos, de cada persona que muere al resistirse, o no, a ser víctima de un asalto, es la misma sociedad.
El verdadero responsable de todo lo que vivimos somos nosotros mismos, por permitir que nuestra vida gire en torno a un tejido social inexistente, al desinterés de las autoridades y de nosotros mismos por contar con un mejor futuro no sólo para nosotros, sino para nuestros hijos, el verdadero responsable de esto, somos nosotros, por permitir que un gobierno fallido en cuestiones de seguridad, siga endulzandonos el oído, diciendo que "esta situación va cambiar", a pesar de que es claro que no tienen interés alguno en el tema, ya que siguen sin realizar acciones contundentes, o diseñar estrategias nuevas.
Siguen dando excusas en lugar de propuestas, siguen condenando acciones y "solidarizándose" con deudos, en lugar de poner manos a la obra. Siguen sin dar muestras de que el tan mencionado "Rescate de Celaya", sea un proyecto real y no sólo un fragmento motivacional de un discurso.
Nada cambia, y nada cambiará, si la sociedad no exige que sus funcionarios cumplan todas las promesas hechas en campaña.
Nada cambiará si no hacemos la tarea propia en casa, nada cambiará si como ciudadanos no nos esforzamos en educar mejores personas, nada cambiará si no tenemos la firme convicción de que podemos vivir en una mejor ciudad, estado, o país, si no creemos en nosotros mismos.
Nada cambiará, hasta que comprendamos que el moustro que nos acecha en las calles, vive gracias a que nosotros mismos lo dejamos crecer y desarrollarse en nuestros propios hogares. Un moustro al que año con año alimentamos con falta de valores, de atención, de educación, de respeto por la vida y hoy en día vemos las consecuencias, por todo lo que como sociedad dejamos de hacer.
Es tiempo de hacer un frente en común, de cerrar filas, de darnos cuenta de que nuestra batalla por Celaya, se gana en casa, haciendo lo que nos corresponde, forjando personas con principios que con el paso de los años constituirán mejores ciudadanos.
Sé que este proceso llevará mucho tiempo, tal vez más del que tomó que el moustro se apoderada de las calles, de nuestras vidas, pero aún tengo fe en que, así como juntos logramos tocar fondo como sociedad, juntos logremos salir adelante.
Tiempo al tiempo.
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