16/05/2026
Mi primer cliente ❤️
El primer día que doña Lupita abrió su pequeño puesto de tacos, se levantó desde la madrugada con mucha ilusión. Había pedido dinero prestado para comprar la carne, las tortillas y el refresco. Limpiaba nerviosa la plancha una y otra vez mientras esperaba a sus primeros clientes.
Pero nadie llegó.
Las horas pasaron lentamente. El sol comenzó a bajar y los tacos seguían completos. Doña Lupita trataba de sonreír, pero por dentro sentía que todo había sido un error.
Entonces apareció una pequeña gatita callejera.
Estaba muy flaquita, sucia y cansada. Caminaba despacito por la banqueta, con una pancita enorme que dejaba claro que estaba embarazada. La gatita se sentó frente al puesto y levantó la mirada hacia ella, como si también tuviera hambre y esperanza.
Doña Lupita suspiró, agarró un pedacito de carne y se lo puso en una tortilla pequeña.
—Pues aunque sea tuve una clientita hoy —dijo riéndose sola.
La gatita comenzó a comer desesperadamente mientras movía la colita feliz. Aquella escena le sacó una sonrisa tan sincera que, por primera vez en todo el día, sintió que no debía rendirse.
Un vecino que pasaba tomó una fotografía de ese momento: la señora, su humilde puesto y la gatita embarazada esperando tacos.
Doña Lupita guardó esa foto durante años.
Con el tiempo, la taquería empezó a llenarse. La gente recomendaba sus tacos, luego abrió otro local y después otro más. Cada nuevo negocio llevaba la misma receta… y la misma fotografía colgada en la pared.
La gatita nunca se fue.
Tuvo tres hijos y todos crecieron junto a doña Lupita. Dormían entre las mesas, recibían cariño de los clientes y se convirtieron en parte de la familia de la taquería.
Ahora, cada vez que alguien pregunta por qué hay una foto vieja de una gata callejera enmarcada en la entrada del restaurante, doña Lupita sonríe y responde:
—Porque ella fue mi primera clienta… la que me dio fuerzas para no rendirme. Gracias a esa gatita, hoy tengo todo esto.