28/06/2020
LA MÁSCARA DE MALINALTEPEC
Un ejemplar único. Una máscara de piedra de estilo teotihuacano realizada entre los años 100-650 d.C., reutilizada 800 años después agregándole decoración con mosaico de factura no teotihuacana e influencia mixteca.
La pieza -de 21,7 cm de alto, 18,1 de ancho y un peso de 3,16 kg-, fue hallada en 1921 por el arqueólogo Porfirio Aguirre en el interior de un montículo funerario cercano a Malinaltepec. Desde un principio se generó una controversia entre quienes la consideraban uno de los grandes tesoros de Mesoamérica y los que la creían una falsificación.
El entonces Secretario de Educación Pública mexicano, José Vasconcelos, dispuso su estudio, el resultado no disipó las dudas, se dijo que había sido confeccionada dentro del gran tráfico comercial y cultural que formaron teotihuacanos, mixtecos, zapotecos, nahuas y tlapanecos, y que perteneció a una ofrenda funeraria vinculada a la sociedad teotihuacana.
Durante los años 2008-2009, un equipo interdisciplionario de especialistas -auspiciado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) -realizaron estudios que abarcaron su fisonomía, elementos iconográficos, materiales y técnicas de manufactura. Su conclusión esta vez no dejó dudas: se trata de una pieza auténtica.
Sobre una máscara de piedra verde -cloritita-, 800 años después se le adhirieron -utilizando copal- 762 teselas (fragmentos de piedra) cuadrangulares de amazonita, turquesa y co**ha, para representar el rostro de una deidad acuática, probablemente Chalchihuitlicue.
Se desconoce su función inicial, pudo componer parte de alguna escultura o haber estado sujeta a alguna estructura arquitectónica. Ya decorada, formó parte del entierro de un personaje importante, el rostro de la deidad le permitía al individuo sepultado presentarse en el inframundo y ascender al plano celestial.