Cositos Cartoneiros

Cositos Cartoneiros Una editorial nueva con un toque cartonero, artesanal y mágico.

25/06/2026

El hombre que ayudó a Helena Citrónová a sobrevivir en Auschwitz también participaba en la persecución de otros prisioneros.

Por eso, décadas después, cuando tuvo que declarar ante un tribunal, ella contó las dos partes de la historia.

Helena era una joven judía de Eslovaquia. En marzo de 1942 fue deportada a Auschwitz junto con uno de los primeros grandes grupos de mujeres judías enviadas desde su país.

Al principio fue obligada a realizar trabajos agotadores entre escombros. Más tarde fue trasladada a “Kanada”, el sector donde los prisioneros clasificaban las maletas, la ropa y los objetos confiscados a quienes llegaban al campo.

Allí conoció a Franz Wunsch, un joven austríaco perteneciente a las SS.

El 30 de octubre de 1942, Helena fue obligada a cantar durante una celebración. Wunsch escuchó su voz y comenzó a interesarse obsesivamente por ella.

Desde entonces, le enviaba alimentos, mensajes y pequeños regalos. También utilizó su posición para protegerla de algunos castigos y mantenerla en trabajos que aumentaban sus posibilidades de sobrevivir.

Helena comprendía que cualquier cercanía con un miembro de las SS podía costarle la vida. Aquel vínculo no se desarrolló entre dos personas libres, sino entre una prisionera sometida a un sistema de exterminio y uno de los hombres que ejercían poder sobre ella.

La fotografía más conocida de Helena fue tomada dentro de Auschwitz por el propio Wunsch. Aparece con el uniforme de prisionera, en una imagen extrañamente serena para el lugar donde se encontraba.

La historia se volvió aún más dolorosa en 1944.

La hermana de Helena, Róza, llegó al campo acompañada por su esposo y sus hijos. Cuando Helena supo que habían sido seleccionados para morir, buscó desesperadamente la ayuda de Wunsch.

Él logró salvar a Róza.

No pudo salvar a su esposo ni a sus hijos.

Helena y su hermana sobrevivieron, pero cargaron durante el resto de sus vidas con aquella pérdida.

La ayuda que Wunsch ofreció a las dos mujeres no borraba lo que hacía con otros prisioneros. Había participado en selecciones, acompañado deportados hacia las instalaciones de exterminio y fue recordado por sobrevivientes como un hombre capaz de ejercer una gran brutalidad.

Después de la guerra, Helena emigró a Israel, adoptó el nombre de Zippora Tahori y trató de reconstruir su vida.

Wunsch intentó localizarla, pero ella evitó mantener contacto con él.

En 1972, casi treinta años después de Auschwitz, Wunsch fue llevado a juicio en Viena. Su esposa pidió a Helena que declarara.

Ella aceptó.

Ante el tribunal confirmó que él había protegido su vida y la de su hermana. Pero también relató que lo había visto maltratar a otros prisioneros.

Wunsch fue absuelto y puesto en libertad.

La historia de Helena Citrónová no es un romance sencillo nacido en medio de la guerra. Es el relato de una mujer obligada a sobrevivir dentro de una realidad donde la misma persona podía ofrecerle protección y, al mismo tiempo, formar parte del sistema que destruía a quienes la rodeaban.

Décadas después, su testimonio permitió comprender una verdad incómoda: haber salvado una vida no borra la responsabilidad por las demás.

07/06/2026

🗳️🏛️ Este 7 de junio, tenemos una cita en los museos. Luego de cumplir tu deber ciudadano, más de 50 museos a nivel nacional, administrados por el Ministerio de Cultura, te esperan.

¡Visítalos gratis!

📍🕘 Conoce los horarios y la lista de museos que te esperan este domingo: https://goo.su/o7lEr

Sus amigos Cositos Cartoneiros  les damos las gracias al Museo Regional de Puebla; INAH por la invitación de estar feste...
23/05/2026

Sus amigos Cositos Cartoneiros les damos las gracias al Museo Regional de Puebla; INAH por la invitación de estar festejando junto con ellos su 50 aniversario, fueron momentos de mucha emoción, alegría y sobretodo de celebración, se dice fácil pero conlleva mucha responsabilidad, en llevar, guardar, restaurar, muchos objetos y vestigios, que se han llevado el resguardo de muchas historias, de personas cuyas vidas existieron y forman parte de recuerdos, que los visitantes descubren quienes fueron y de donde fueron esos hallazgos, que hoy en día los guardan con mucho respeto y amor.

Estamos muy felices por esta celebración, y que nuestra Directora Alejandra Hernandez Garzon conllevó el taller del libro cartonero, y cuyos presentes se deleitaron en hacer su propio cuadernillo y sobretodo disfrutaron su momento lado creativo, se fueron muy emocionados y felices y también estuvo desde Ecatepec, Estado de México nuestro querido amigo "PLATÓN" de la Escuela Filosófica de la lucha a deleitarnos su presencia y también su participación en dicho taller y enseñarnos unas llaves como ser unos buenos filósofos de la lectura.

Y el día de mañana será la clausura y cerramos con mucha alegría con más talleres para que nos acompañen a celebrar juntos, su 50 aniversario, de su museo y de su historia, acompáñanos.
¡¡Te esperamos... Ven con toda tu familia!!

¡¡Porque todos tenemos una historia que contar!!
¡¡Saludos Cartoneros 😃✌️!!

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17/05/2026

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04/05/2026

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1 DE MAYO, en corto
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18/04/2026

Cuando los británicos llegaron a Aotearoa, el nombre maorí de Nueva Zelanda, creyeron que iban a encontrar un mundo donde solo los hombres decidían.

No entendían lo que tenían delante. En 1840, durante la firma de Te Tiriti o Waitangi, el Tratado de Waitangi en lengua maorí, también estaban allí mujeres con rango, linaje y autoridad. Eran wāhine rangatira: mujeres cuyo lugar dentro de su pueblo no dependía de estar detrás de un marido, sino de su propio mana, esa fuerza de prestigio, dignidad y autoridad que la comunidad reconocía.

Eso lo cambiaba todo.

Porque en la sociedad maorí tradicional, la mujer no desaparecía al casarse. Seguía unida a su linaje, conservaba identidad y ocupaba un lugar real dentro de la vida colectiva. En el marae, el espacio ceremonial y comunitario, la primera voz que recibe a quienes llegan suele ser la de una mujer mediante el karanga, la llamada de bienvenida. No era un detalle simbólico sin importancia. Era una expresión visible de autoridad espiritual y social.

También por eso la agresión contra una mujer no se entendía como un asunto privado que debía encerrarse entre paredes. Dañar a una mujer era dañar su tapu, su condición sagrada y protegida, y golpear el mana de toda su familia. La comunidad intervenía porque el daño no se veía como algo pequeño ni íntimo, sino como una ruptura del equilibrio colectivo.

Luego llegó la colonización y con ella otra forma de mirar el mundo.

Los británicos trajeron leyes, costumbres y una idea mucho más rígida del poder masculino. Fueron apartando a las mujeres de espacios donde antes tenían presencia natural, y muchas expresiones de esa autoridad fueron empujadas al silencio. Entre ellas, el moko kauae, el tatuaje tradicional en la barbilla que no era un adorno, sino una marca de identidad, genealogía y prestigio.

Pero no lograron borrarlo del todo.

Desde la década de 1990, cada vez más mujeres maoríes comenzaron a recuperar el moko kauae, rescatando algo que estuvo a punto de perderse. Y ese regreso tuvo una fuerza enorme. En 2016, Nanaia Mahuta entró al Parlamento llevando su moko kauae visible. No era solo una imagen poderosa. Era la prueba de que una tradición golpeada por la colonización seguía viva. Cuando en 2020 asumió como Ministra de Asuntos Exteriores y apareció así ante líderes del mundo, su rostro dijo algo más fuerte que cualquier discurso: hay cosas que un imperio puede perseguir, despreciar o intentar borrar, pero no siempre puede destruir.

Por eso la historia de las mujeres maoríes no es solo la historia de lo que les quitaron. Es la historia de una autoridad antigua que fue herida, empujada al margen y aun así regresó con el rostro en alto.

Y cada moko kauae visible lo recuerda.

12/04/2026

Un hombre Navegando por el Canal de la Viga en su canoa llena de fruta, Ciudad de México 1928

Fotografía: Robert Swanton

12/04/2026
03/04/2026

Miguel Hernández no murió solo en una prisión.

Murió sabiendo que, afuera, su esposa y su hijo apenas tenían pan y cebolla para sobrevivir.

Había luchado del lado republicano durante la Guerra Civil española. Al terminar la contienda intentó huir a Portugal, pero fue detenido. Primero fue condenado a muerte. Después le cambiaron la sentencia por treinta años de cárcel. No llegó a cumplirlos. La enfermedad, el encierro y el abandono acabaron con él en la prisión de Alicante, el 28 de marzo de 1942.

Tenía apenas 31 años.

Pero lo más desgarrador no fue solo su final.

Fue lo que ocurrió antes.

En cautiverio recibió una carta de su esposa, Josefina Manresa. En ella le contaba que solo tenía pan y cebolla para alimentarse junto a su pequeño hijo. De ese dolor nació Nanas de la cebolla, uno de los poemas más conmovedores de la lengua española.

No nació de la calma.

Nació del hambre, de la impotencia y del amor de un padre que no podía abrazar a su hijo, pero todavía podía escribirle.

Por eso Miguel Hernández sigue conmoviendo tanto.

Porque no dejó solo versos.

Dejó una prueba de que incluso en la miseria más honda, todavía puede sobrevivir la ternura.

A veces la poesía no nace para embellecer la vida, sino para resistirla.

Y pocas veces eso quedó tan claro como en la voz de un hombre que, perdiéndolo casi todo, todavía encontró palabras para amar.

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