22/05/2026
El olvido no nace en los kilómetros que separan dos cuerpos, ni en los silencios prologados que aparentan haberlo dicho todo. El olvido, si es que existe, se revela en ese instante frágil y definitivo en que dos miradas vuelven a encontrarse y ya no arde nada. Porque si en ese cruce aún tiembla el alma, si el tiempo se detiene sin permiso y el corazón recuerda lo que la razón intento enterrar, entonces no hubo olvido, solo una pausa disfrazada de despedida. Hay amores que no se marchan, solo aprenden a habitar en lo invisible. Y es ahí, en ese segundo suspendido entre el pasado y lo inevitable, donde se descubre la verdad más honesta: que lo vivido no se borra, se transforma. Que hay mirabas que, aunque carguen años encima, siguen pronunciándose nombres sin voz y despertando memorias que creíamos dormidas. Porque olvidar no es dejar de recordar, es dejar de sentir… y cuando los ojos se encuentran y el alma se reconoce, el olvido se quiebra, se vuelve polvo y deja al descubierto que ay historias que, aunque no continúen, jamás terminan.🍃