17/07/2026
He trabajado en muchos espacios distintos.
En la cocina de mi casa.
En mesas improvisadas.
En espacios pequeños que tenía que montar y desmontar cada día.
En talleres que fueron creciendo poco a poco.
En tiendas que, durante mucho tiempo, solo existieron en mi cabeza.
Empecé en Ecuador.
Años después me tocó volver a empezar en México.
Otro país.
Otros clientes.
Otros proveedores.
Otra manera de hacer negocios.
Y, en muchos sentidos, otra vez desde cero.
Cada espacio fue diferente.
Algunos eran cómodos.
Otros no tanto.
Algunos se veían bonitos.
Otros simplemente cumplían su función.
Pero todos fueron importantes, porque en cada uno aprendí algo que necesitaba para poder pasar al siguiente.
Aprendí a producir con poco equipo.
A organizarme mejor.
A invertir cuando realmente era necesario.
A entender qué necesitaba mi negocio y qué podía esperar.
A crecer sin querer tenerlo todo resuelto desde el primer día.
Cuando miro estas fotos, no pienso únicamente en cuánto han cambiado mis espacios.
Pienso en todas las veces que tuve que comenzar con lo que había.
Y por eso quiero compartirlas.
No para que veas una historia perfecta.
Sino para que, si hoy estás trabajando en una cocina pequeña, en una mesa prestada o en un espacio que todavía no se parece al negocio que imaginas, entiendas que eso también puede ser parte del proceso.
No necesitas empezar con el taller ideal.
Necesitas aprender a trabajar bien en el espacio que tienes hoy y tomar decisiones que, poco a poco, te acerquen al siguiente.
Yo construí mi camino desde cero en dos países distintos.
Y si algo me ha enseñado esa experiencia es que el lugar donde comienzas no determina hasta dónde puedes llegar.
Solo marca el punto desde el que vas a empezar.