19/05/2026
Conozcan el lado más tonto y maravillosamente ridículo del comercio online.
Resulta que un compadre en Estados Unidos hizo un pedido masivo de estos flotadores para piscina (esos tubos de espuma que no pesan absolutamente nada).
La lógica humana y el sentido común dictarían que los amarraran todos juntos con cinta o los metieran en un par de bolsas industriales, pero no.
El algoritmo corporativo decidió que la mejor manera de gestionar el envío era empaquetando cada miserable pieza de hule espuma en su respectiva y voluminosa caja de cartón.
Imagínate la magistral escena en el almacén: un empleado de Walmart, con cero ganas de vivir pero cobrando por hora, metiendo pacientemente 165 flotadores en 165 cajas distintas.
Armando, sellando y etiquetando una por una, gastando el turno como el absoluto campeón de la burocracia laboral que es.
Y por el otro lado de la moneda, tenemos al chofer de FedEx teniendo el mejor ma***to día de toda su carrera logística.
El compadre llevaba el camión atascado hasta el techo, pero con una carga que pesaba menos que la conciencia de político.
Llegó, estacionó el camión y vació todo el inventario en una sola dirección sin sudar una gota y sin romperse la espalda.
¡Un héroe de la clase trabajadora triunfando gracias a la estupidez del sistema!
Más allá de las risas y de que el vato ahora tiene suficiente cartón para armarle un castillo a los michis de la calle, esto es un periodicazo en el hocico para todos los que se la pasan separando la basura.
Mientras tú andas lavando tus envases de yogur para salvar a las tortugas, el sistema automatizado de estas megacorporaciones se gasta media hectárea de bosque en empaques inútiles para mandar aire comprimido.
Pura, inmaculada y bellísima ironía del siglo XXI.