07/10/2026
Ayer fui testigo de algo que realmente indigna: personas de nuestra propia población arrojando basura directamente al río Vilcanota.
No se trata simplemente de botar una bolsa, una botella o cualquier desperdicio. Se trata de contaminar un recurso que es parte de nuestra vida, de nuestro valle y de nuestro futuro. El Vilcanota no es un basurero. Es un río que nos da vida y que debemos aprender a respetar y proteger.
Ver este tipo de acciones demuestra una falta de criterio, de conciencia y, sobre todo, de empatía con nuestro entorno y con las generaciones que vienen detrás de nosotros. Porque cuando arrojamos basura al río, no desaparece: la contaminación sigue su camino y termina afectando al agua, a los animales, a la agricultura y a todos nosotros.
¿De qué sirve recuperar nuestras riberas, realizar campañas de limpieza y convertir antiguos botaderos en espacios verdes, si todavía existen personas que continúan utilizando el río como lugar para deshacerse de sus residuos?
Necesitamos cambiar esa mentalidad. La limpieza de nuestro río no es responsabilidad únicamente de la Municipalidad o de las autoridades. Es responsabilidad de cada ciudadano.
Calca merece un río limpio. El Vilcanota merece respeto.
Cuidar nuestro río es cuidar nuestra propia vida, nuestro territorio y el futuro de nuestros hijos.
No arrojemos basura al río. No seamos parte del problema; seamos parte de la solución.