04/03/2026
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—César Calvo: ¿Tú fuiste reaccionario alguna vez?
—Julio Ramón Ribeyro: Sí.
—Calvo: ¿Cuándo dejaste de serlo?
—Ribeyro: Creo que cuando viajé a Europa por primera vez. Antes de ello, hasta 1952, en mis discusiones y conversaciones universitarias yo adoptaba una actitud retrógrada. Incluso pensaba, por ejemplo, que el indígena peruano era un ser completamente degenerado, que los gamonales tenían la razón, que las comunidades eran improductivas y atrasadas, en fin...Ya en Madrid, alternando con latinoamericanos más lúcidos que yo, comencé a darme cuenta de que estaba equivocado. En 1954, cuando viajé a París, se operó definitivamente un gran cambio en mí. Eso se debió, en gran parte, al hecho de que tuve que trabajar en oficios penosos...Fui obrero en una estación de ferrocarril, portero en un hotel sórdido. Comprendí la vida durísima del que tiene que trabajar ocho o diez horas diarias, usando sus brazos, su fuerza física, y después no le queda tiempo ni curiosidad para leer ni educarse, ni para ir a un espectáculo, y lo único que le provoca es quedarse a dormir. Me di cuenta de que era una situación despiadada y sin salida, que los trabajadores en nuestro mundo llamado libre estaban como exonerados del porvenir y que eso se debía cambiar radicalmente.
(Fragmento de la entrevista del Poeta César Calvo a Julio Ramón Ribeyro. Entrevista publicada en 1971 en el diario La Nueva Crónica. Esta entrevista se encuentra en el libro «Las respuestas del mudo», compilación hecha por Jorge Coaguila. Tierra Nueva editores, 2010).