25/08/2018
Carta de una mamá a su bebé arcoíris.
Amor mío, pedacito de felicidad:
Te escribo estas líneas con un sinfín de emociones inundando mi cabeza y mi corazón. No ha sido fácil sobrellevar todo este tiempo en el vaivén de la alegría que me produce tu existencia y la angustia de experimentar otra vez el dolor.
Son tantas las cosas que quisiera decirte, que las ideas se agolpan en mi mente. Por lo pronto, necesito que sepas que…
No me importa que seas niño o niña. Es algo que la gente a mi alrededor no logra comprender, y sin mala intención. Comentan sobre la conveniencia según su punto de vista: que los niños son más independientes, que las niñas son más amorosas… yo sólo sonrío. Me basta con que puedas vivir a mi lado y ser feliz.
No me importa si tienes alguna enfermedad que a los ojos de los demás te haría ver “imperfecto/a”. “Que venga sanito”, dicen todos. “Ojalá no tenga una malformación”, “mientras tenga sus cuatro extremidades, todo bien…”. Si supieran que algo así me parece menor, si supieran que haría todo lo que estuviera a mi alcance para que seas feliz, independientemente de cómo sea tu cuerpo… si supieran que no me importa si no eres completamente sano/a, sólo me importa que tengas salud y vida para ser muy, muy feliz…
No me importa de qué color sea tu pelo, tus ojos o tu piel. No me importa si te pareces a tal o cual pariente. No me importa si, cuando seas mayor, tienes gustos diferentes a los míos, si tomas decisiones que yo no tomaría, si te equivocas. No me interesa que seas o no perfecto/a.
Amor mío, te pido perdón por vivir este embarazo de forma diferente. Por no disfrutarlo a cabalidad como se supone que debería ser, por sentir miedo. Perdóname por llorar, por a veces tardarme en hablarte, por no haberte comprado ropita en mucho tiempo. Perdóname por no gritar a los cuatro vientos tu existencia, porque tal vez no tendré deseos de baby shower, vientre pintado o sesión de fotos. Todo esto no significa que no te ame, para nada. Es sólo el pánico que a diario me acecha, con el que lucho cada día y seguiré luchando en tu honor.
Mi vida, eres tú la luz de esperanza después de la tormenta. Te prometo que una vez que estemos juntos/as el sol volverá a brillar entre las nubes. Por lo pronto sólo te pido una cosa: quédate conmigo. No te pido nada más. No cumplas expectativas, no seas perfecto/a. Sólo quédate junto a mí.
Tu mamá
Texto propiedad de Inefable Amor.
Visto por ahí.