12/08/2026
Tienes derecho a no tener hijos.
Pero no tienes derecho a vivir en un mundo sin niños.
Y lo vuelvo a repetir:
Tienes derecho a no tener hijos.
Pero no tienes derecho a vivir en un mundo sin niños.
¿Por qué escribo esto?
Porque últimamente se ha puesto de moda algo que, sinceramente, me preocupa: normalizar el rechazo y hasta el odio hacia los niños.
Y no, no exagero.
He visto personas proponiendo vuelos “sin niños”, quejándose de que los niños hacen ruido, corren, lloran, preguntan, tienen mocos o simplemente… se comportan como niños.
Y a ver, entiendo perfectamente que los niños pueden ser complicados.
Entiendo que un niño llorando durante horas en un avión puede ser agotador.
Entiendo que un berrinche en un restaurante puede ser incómodo.
Entiendo que hay momentos en los que preferiríamos silencio.
Pero hay algo que parece que estamos olvidando:
Los niños son personas.
Personas que están literalmente aprendiendo a vivir.
Están aprendiendo a regular sus emociones, a entender el mundo, a convivir con los demás, a esperar, a escuchar, a controlar sus impulsos.
Y sí, a veces van a llorar.
A veces van a correr.
A veces van a preguntar 40 veces “¿por qué?”
A veces tendrán mocos.
A veces harán ruido.
Y eso no significa que sus padres no los estén educando.
Por supuesto que debemos educar a nuestros hijos.
Por supuesto que debemos enseñarles límites y respeto por los demás.
No estoy diciendo que dejemos que los niños se suban a las mesas, griten durante horas o molesten deliberadamente a todo el restaurante.
No.
Estoy hablando de algo muy diferente.
Estoy hablando de esa idea de que los niños deberían desaparecer de ciertos espacios simplemente porque su presencia puede resultar incómoda.
“Que haya vuelos sin niños porque lloran.”
“Que no lleven niños a restaurantes.”
“Los niños deberían quedarse en casa.”
¿De verdad?
Tienes todo el derecho de decidir que no quieres ser mamá o papá.
Tienes derecho a no disfrutar convivir con niños.
Tienes derecho a elegir una boda sin niños.
Tienes derecho a buscar un restaurante tranquilo o un vuelo en una zona donde haya menos ruido.
Pero tener ese derecho no significa tener derecho a imponerle al mundo que los niños no existan en los espacios que compartimos.
Porque así funciona vivir en sociedad.
Hay cosas que nos incomodan.
Hay personas que hablan demasiado fuerte.
Hay bebés que lloran.
Hay adultos que tosen.
Hay personas que caminan lento.
Hay niños que hacen preguntas.
Hay gente que ocupa más espacio.
Hay personas que tienen días malos.
El mundo no está diseñado alrededor de nuestra comodidad individual.
Y también me preocupa algo más:
La manera en la que este discurso termina haciendo sentir culpables a muchas madres.
Madres que ya están haciendo todo lo posible por calmar a su bebé en un avión.
Madres que salen de un restaurante con un niño llorando porque no quieren incomodar a nadie.
Madres que reciben miradas de desaprobación porque su hijo tuvo un berrinche.
Madres que terminan sintiendo que deben pedir perdón por el simple hecho de estar ahí.
Y no.
Educar a nuestros hijos es nuestra responsabilidad.
Pero que un niño exista en un espacio público no debería ser motivo de vergüenza.
Y, por favor, ubíquense un poquito.
Porque ustedes también fueron niños.
También fueron niños gritones.
También tuvieron mocos.
También hicieron preguntas interminables.
También tuvieron berrinches.
También corrieron.
También fueron pegostiosos.
¿O qué creen?
¿Que los berrinches se inventaron después de que ustedes crecieron?
Todos fuimos niños.
Y probablemente, alguna vez, también fuimos ese niño que incomodó a alguien.
La diferencia es que hoy tenemos la oportunidad de decidir qué clase de sociedad queremos construir.
Una donde los niños sean vistos como una molestia que debemos esconder…
O una donde entendamos que también tienen derecho a ocupar el mundo mientras aprenden a vivir en él.
No tienes que querer tener hijos.
No tienes que amar convivir con ellos.
No tienes que disfrutar un restaurante lleno de familias.
Pero sí deberíamos aprender a convivir.
Porque tener una vida sin hijos es una elección.
Tener un mundo sin niños no lo es.
¿Cuál ha sido el momento en el que más te has sentido señalada por el comportamiento de tu hijo?
💞