Fe sin Fronteras

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Hoy he estado pensando mucho qué escribir… pero sí tengo algo que compartir. ❤️Hoy recibí una noticia muy hermosa. Y lle...
08/14/2026

Hoy he estado pensando mucho qué escribir… pero sí tengo algo que compartir. ❤️

Hoy recibí una noticia muy hermosa. Y llegó en medio de una semana que, por supuesto, me ha tenido muy baja de ánimo por todo lo que ha sucedido en Colombia.

Ver a mi gente, a personas cercanas y a tantas familias afectadas por el terremoto me ha tocado profundamente el corazón. Estar lejos de mi tierra duele… y aunque desde aquí solo puedo ayudar moralmente, económicamente y, sobre todo, orando, siento que cada oración puede ser una forma de abrazar a quienes hoy están pasando por momentos difíciles.

Pero hay algo que también me ha sorprendido y llenado el corazón: ver a tantas personas ayudando, incluso cuando ellas mismas han sido afectadas. Personas que, en medio de su propia necesidad, deciden servir a los demás.

Eso me hace pensar en Dios. En cómo, aun en medio del dolor, Él puede despertar nuestra conciencia, unir corazones y recordarnos que no estamos aquí solamente para nosotros mismos. ❤️

Y hoy, mientras pensaba en qué hacer con mi día a día, como tantas veces, le pedí a Dios Su guía, Su dirección y Su compañía.

Entonces recibí una llamada.

Era una noticia que mi esposo y yo estábamos esperando con mucha ilusión.

Y simplemente… rompí en llanto. 🥹❤️

Lloré de agradecimiento. Porque detrás de esa noticia hay esfuerzo, sacrificios, perseverancia, conversaciones, sueños y muchas oraciones.

Y una vez más entendí que Dios ha hecho posible lo que parecía difícil.

Pero también entendí algo: no se trata solamente de llegar a donde queremos llegar. Se trata de cómo estamos construyendo el camino.

Paso a paso. Sin afanes. Con esfuerzo. Con fe. Con Dios en el centro.

Porque queremos que todo lo que estamos construyendo tenga un fundamento firme: la Roca. 🪨❤️

Hoy, viernes 14 de agosto, tengo un motivo más para agradecerle a Dios.

Por mi esposo.
Por nuestra familia.
Por los sueños que estamos construyendo juntos.
Por las puertas que Él abre.
Por las que todavía están cerradas.
Y por enseñarnos que Sus tiempos siempre tienen un propósito.

Quizás hoy tú también estás esperando una respuesta.

No te desesperes.

Sigue construyendo sobre la Roca.
Sigue orando.
Sigue haciendo tu parte.
Y confía en que Dios sabe exactamente lo que está haciendo.

Hoy mi corazón simplemente dice:

Gracias, Dios.
Por lo que ya hiciste, por lo que estás haciendo y por lo que todavía no puedo ver. 🙏🏻❤️

Gracias por leerme.
Espero que tengan un hermoso y bendecido fin de semana. ✨

Cuando Dios reordena nuestras prioridadesHay días en los que el corazón pesa un poco más que de costumbre.Ayer fue uno d...
08/01/2026

Cuando Dios reordena nuestras prioridades

Hay días en los que el corazón pesa un poco más que de costumbre.

Ayer fue uno de esos días para mí. Me sentí emocionalmente vulnerable. No pasó una tragedia, simplemente comenzaron a llegar pensamientos que muchas veces guardamos en silencio: sentir que las personas con las que creemos tener una amistad cercana empiezan a compartir más con otros, que hacen nuevos grupos, que poco a poco pareciera que uno deja de ser importante.

Y aunque esas emociones son reales, también entendí que no siempre cuentan toda la verdad.

Después de conversar con mi esposo, Dios comenzó a mostrarme algo que necesitaba aprender. Muchas veces ponemos demasiado peso sobre personas que, aunque son una bendición, están llamadas a ser parte de una temporada y no el fundamento de nuestra vida.

Las amistades son un regalo de Dios, pero no pueden ocupar el lugar que solo le corresponde a Él ni desplazar la prioridad que tiene nuestra familia.

Fue entonces cuando el Señor llevó mi corazón a recordar el orden que Él mismo estableció.

Primero Dios.

Después la familia.

Y luego todo lo demás.

Vivimos en una sociedad que constantemente nos hace creer que necesitamos la aprobación de otros para sentirnos completos. Que debemos ser incluidos en todos los planes, estar presentes en todos los grupos o recibir la atención de todos para sentir que valemos.

Pero nuestra identidad nunca fue diseñada para depender de la aceptación de las personas.

Nuestra identidad está segura en Cristo.

La Palabra nos recuerda:

“Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” (Mateo 6:33)

Cuando Dios ocupa el primer lugar, las demás áreas encuentran su equilibrio.

También comprendí algo que me confrontó profundamente.

Dios sí nos llama a amar, servir, acompañar e impactar la vida de muchas personas. Somos luz donde Él nos coloca. Podemos abrazar, aconsejar, escuchar y caminar junto a otros.

Pero el primer ministerio que Dios nos entregó comienza en casa.

Antes de querer cambiar el mundo, debo amar bien a mi esposo.

Antes de querer servir a todos, debo servir con alegría a mi hija.

Antes de preocuparme por ser importante para otros, debo recordar que ya soy profundamente amada por Dios y que mi familia necesita la mejor versión de mí.

La Biblia dice:

“Pero si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe.” (1 Timoteo 5:8)

No solo habla de lo material. También habla del cuidado, del tiempo, de la presencia, del amor y del servicio.

Mientras escribía estas líneas, Dios también me mostró algo más profundo.

Yo pensaba que estaba creciendo espiritualmente, y gracias a Él sí he crecido. Pero todavía había inseguridades escondidas en mi corazón.

A veces buscamos sentirnos necesarios para otros porque, en el fondo, tenemos miedo de no ser suficientes.

Esperamos mensajes.

Esperamos invitaciones.

Esperamos que nos busquen.

Y cuando eso no sucede, nuestro corazón comienza a sentirse rechazado.

Pero Dios no quiere que vivamos dependiendo de las respuestas de las personas.

Él quiere sanar aquello que todavía duele.

Quiere que nuestra seguridad descanse en Su amor y no en la opinión de nadie.

Quizás las personas cambien.

Quizás algunas amistades duren años y otras solo unos meses.

Quizás algunas temporadas terminen.

Y está bien.

Porque Dios nunca prometió que todas las personas caminarían con nosotros para siempre.

Lo que sí prometió es que Él estaría con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Hoy mi oración no es que las personas nunca se alejen.

Mi oración es que Dios transforme mi corazón.

Que me enseñe a vivir libre de inseguridades.

Que me ayude a amar sin depender.

A servir sin esperar reconocimiento.

A disfrutar cada amistad mientras dure, sin convertirla en el centro de mi vida.

Y que nunca olvide el orden que trae paz a mi alma:

Primero Dios.

Luego mi familia.

Después, todo aquello que Él quiera añadir.

Porque cuando Dios ocupa el primer lugar, dejamos de perseguir la aprobación de las personas y comenzamos a descansar en el amor perfecto del Padre.

Reflexión para hoy

¿Hay alguna persona cuya aprobación ha ocupado un lugar que solo Dios debería tener?

Pidámosle al Señor que examine nuestro corazón, sane nuestras inseguridades y nos enseñe a amar con libertad, poniendo siempre en primer lugar Su presencia y la familia que nos ha confiado.

Cuando el carácter es probado, la fe también hablaEsta mañana comenzó diferente.Desperté con paz. Tuve mi tiempo con Dio...
07/30/2026

Cuando el carácter es probado, la fe también habla

Esta mañana comenzó diferente.

Desperté con paz. Tuve mi tiempo con Dios leyendo 1 Pedro capítulo 1, hice ejercicio y, mientras conducía hacia el trabajo, escuchaba una predicación que dejó una frase grabada en mi corazón:

“No todos los espacios son para todos. Debemos aprender a discernir dónde Dios nos quiere y dónde un lugar puede alejarnos de Su voluntad.”

Llegué a la oficina con esa reflexión aún presente.

Poco después, mi jefe me llamó para confrontarme por una situación que, según ella, yo había hecho mal. Mientras hablábamos, verificó con otra persona del equipo y descubrió que, en realidad, mi trabajo había estado bien hecho.

No voy a negar que me dolió.

Sentí enojo. Sentí frustración. Porque no era solo el tema en sí, sino la forma en que se me había hablado, especialmente el día anterior. Con respeto, le expresé cómo me había sentido. No para atacar, sino para hacerle saber que las palabras también tienen peso.

Después de eso, decidí no seguir alimentando el enojo. Solo le escribí a mi esposo, le conté lo sucedido y lo solté.

Y mientras reflexionaba, entendí que ese también es un pequeño milagro de Dios en mi vida.

Hace algún tiempo habría pasado el resto del día reviviendo la conversación una y otra vez. Hoy elegí entregar esa carga al Señor. No porque no sintiera dolor, sino porque estoy aprendiendo que no puedo permitir que un momento pasajero apague la luz que Dios ha encendido en mí.

1 Pedro 1:6-7 dice que nuestra fe es probada como el oro en el fuego. Muchas veces imaginamos esas pruebas como grandes crisis, pero también llegan disfrazadas de una conversación incómoda, una crítica injusta o una palabra que hiere.

Es precisamente ahí donde Dios trabaja nuestro carácter.

No siempre podremos controlar cómo otros nos hablan, pero sí podemos decidir cómo responder. Nuestra identidad no depende de la opinión de una persona, sino de Aquel que nos llamó a ser Sus hijos.

Cada situación incómoda puede convertirse en una oportunidad para parecerse un poco más a Cristo.

Hoy confirmé que crecer espiritualmente no significa dejar de sentir emociones. Significa aprender a llevarlas a los pies de Jesús antes de permitir que gobiernen nuestras decisiones.

Tal vez Dios no siempre cambie inmediatamente el ambiente en el que estamos, pero sí puede transformar el corazón con el que enfrentamos ese ambiente.

Porque al final, el verdadero testimonio no se da cuando todo marcha bien. El verdadero testimonio se revela cuando nuestra paz permanece, aun después de haber sido puestos a prueba.

07/29/2026

*Cuando Dios decide comenzar por nuestro corazón*

Hay momentos en los que nuestras oraciones parecen tener siempre la misma dirección. Le pedimos a Dios que cambie las circunstancias, que transforme a las personas que amamos o que quite aquello que nos causa dolor.

Sin embargo, Dios, en Su infinita sabiduría, muchas veces responde de una manera que no esperábamos.

Recuerdo la historia de una mujer que vivía en medio de constantes discusiones en su hogar. Cada día elevaba la misma petición al cielo:

“Señor, cambia el carácter de mi esposo.”

Era una oración sincera. Ella deseaba paz para su familia y soñaba con un hogar diferente.

Pero un día, mientras meditaba en el capítulo 4 de Santiago, el Espíritu Santo habló profundamente a su corazón.

No fue una voz audible, sino una convicción clara que transformó su perspectiva:

“Antes de cambiar a tu esposo, quiero trabajar en tu corazón.”

Aquellas palabras la confrontaron.

Hasta ese momento había puesto toda su atención en los errores de la otra persona, pero nunca había permitido que Dios examinara los suyos.

Comenzó entonces una oración diferente.

Ya no pidió solamente que Dios cambiara a su esposo. Empezó a decir:

“Señor, muéstrame mi orgullo. Enséñame dónde mis palabras han herido. Ayúdame a responder con paciencia. Forma en mí un corazón semejante al tuyo.”

Y Dios comenzó la obra.

Las circunstancias no cambiaron de un día para otro.

Las diferencias seguían existiendo.

Los desafíos continuaban.

Pero algo sí cambió: ella.

Su manera de responder dejó de alimentar las discusiones. Donde antes había impulsividad, comenzó a haber mansedumbre. Donde antes reinaba el deseo de tener la razón, apareció el deseo de honrar a Dios.

Poco a poco, el ambiente de su hogar empezó a transformarse.

Su esposo notó que había algo diferente. No era una estrategia humana; era el fruto de una vida rendida al Señor.

Con el tiempo, él también comenzó a acercarse más a Dios.

Esta historia nos recuerda una verdad que Santiago enseña con mucha claridad: la verdadera transformación siempre comienza en el corazón.

Por eso escribe:

“Someteos, pues, a Dios… Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros.”
Santiago 4:7-8

Qué hermosa promesa.

Dios no está buscando personas perfectas; está buscando corazones dispuestos.

Tal vez hoy estás esperando que Él cambie tu matrimonio, tus hijos, tu trabajo, tus finanzas o alguna situación que llevas tiempo presentando delante de Su presencia.

Y quizá Su primera respuesta sea la misma:

“Permíteme comenzar contigo.”

Porque antes de abrir una puerta, muchas veces Dios desea formar nuestro carácter.

Antes de cambiar nuestras circunstancias, quiere fortalecer nuestra fe.

Antes de responder nuestras peticiones, anhela acercarnos más a Él.

Y cuando nuestro corazón cambia, comenzamos a ver nuestra vida con los ojos de Dios.

Quizá ese sea el mayor milagro de todos.

Que hoy podamos acercarnos al Señor con humildad, rendir nuestro orgullo, dejar nuestras cargas en Sus manos y permitir que Él haga en nosotros la obra que nadie más puede hacer.

Porque cuando Dios transforma un corazón, también comienza a transformar todo lo que ese corazón toca.

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05/19/2023

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