03/07/2023
PAPANACHO
Detrás de los parajes solitarios y escabrosos nace toda la magia del mundo, luego el sortilegio forma los recuerdos, y trás del mismo nace la historia.
El chapoteo de las turbias y desoladas aguas de la ciénega el toro espanta al mochuelo y al arrendajo.
El camino real que comunicaba a Maticora con Blasico pasaba por Corralito. Maticora era un pueblo próspero debido a su emblemática balsa sobre el río que lleva su nombre y que unía a los Estados Zulia con Falcón. Blasico ubicado en la zona sur era asentamiento de hatos y cazadores.
Corría el año de 1912, año de sequía y hambruna, José Ignacio y sus hermanos, acompañados de su padre, hacían el recorrido en b***o o a pie, en el peregrinaje de la cacería, o en el entrevero sortario de alguna actividad comercial. Muere su padre a temprana edad, y comienza el desafío con la naturaleza y con la vida. Existía en esa época la figura del consertado, eran menores de edad que trabajaban en hatos por un pedazo de comida.
Llegó el año de 1918, acompañado de revueltas, montoneras y la peste negra, pero también nació una esperanza al llegar la petrolera Bristhis al lugar que hoy se conoce como Mene Mauroa. José Ignacio, su madre y sus hermanos se trasladan a esa zona en busca de mejor calidad de vida.
Era la época de curaciones con yerbas, emplastos y oraciones. De los haticos a Blasico atravesaría el Corralito de las cuatro casas de barro. Lo sorprendió el amor, en una luna llena, de viento de agua por el año de 1928, en un ir y venir por el camino real. Éste joven y vigoroso, se aferró a la mujer amada antes de caer en los brazos del aislamiento y la soledad. En ese Corralito ambientado en Macondo consiguió el amor de su vida y se quedó para siempre. De ese amor nació un imperio familiar, diez hijos, dos hatos, todo bajo el amparo de ese árbol que dió sombra de sobra para Papanacho o el mayor como se le conoció en su recorrido por la vida. Sus dichos, ocurrencias y anécdotas pasaron a la historia